¡PRECIADO TIEMPO! Cómo he trabajado y creado a medias en los último días

El 23 de junio cumplí un mes trabajando en la oficina de mi amiga Doris. Ella y yo llevamos varios años colaborando en nuestras consultorías, pero cada quien lo hace desde su espacio. El 23 de mayo empecé a trabajar desde su oficina, todas las mañana, para cubrirla mientras ella se encontraba fuera.

No me queda lejos, así que camino todos los días a paso rápido. Tengo que subir dos pasarelas de ida y las mismas dos de vuelta. Al principio lo hacía muy despacio, pero ahora las subo rápido sin sentirme cansada. Estas caminatas me han servido para hacer ejercicio y ya logré que un jeans que no me quedaba, me cerrara con facilidad la semana pasada.

Todo parece positivo hasta el momento. Seguiré yendo dos semanas más. Luego, volveré a trabajar desde casa de nuevo, a menos claro está, que sea necesario hacer algo juntas en el mismo lugar. Dave dice que no va a permitir que me empoltrone desde temprano y mucho menos que vuelva a la cama a tomar el café. Deberé acompañarlo en la mañana cuando camina con Eva a la parada del bus. Solo así continuaré haciendo ejercicio.

Pero bueno, el motivo de esta entrada no es solo hacer un resumen de lo bueno que ha sido para mí salir todas las mañanas temprano y caminar hasta el trabajo. Lo que me trae hoy frente a la computadora fue darme cuanta de todo lo que me perdí en estos días por no estar en casa en la mañana. No me quejo, solo hago un recuento de todo aquello de lo cual no pude ser testigo.

Por ejemplo, ayer que amaneció soleado después de varias semanas de fuerte lluvia, noté que dos o tres mariposas monarcas visitaban las zinias rojas que están junto a la puerta de entrada. Dave ya las había visto. Entoces me di cuenta que la maceta se llenó de flores y que algunas ya están muriendo. Me dijo Dave que también viene un colilbrí, que él ha visto desde la sala.




El otro día, Dave me mostró la cosecha de tomates. Son muchos. Cuando los cortó aún estaban verdes pero ya están cambiando de color. Salí al patio a ver las plantas de tomate. Tanta lluvia las está matando, por eso Dave decidió cortar todos los que ya estaban crecidos. Apenas y los vi en sus ramas, con lo que me gusta verlos crecer, pero ni modo. Así es la vida, hasta los hijos crecen sin darse uno cuenta. 





La lechuga se pudrió por la lluvia y no pude salvarla. Será hasta el próximo verano.

Otra cosa que casi no he podido hacer es crear. Regreso a casa muy cansada y ya me di cuenta que lo que lo que me agota es la computadora. Tengo alteojos para leer, así que no comprendo la razón. Por eso cuando llego a mi casa, almuerzo y me recuesto a ver tele un rato y si puedo, me duermo unos 45 minutos antes de sentarme en la laptop a revisar correos, responder algunos, enviar otros, dar seguimiento a asuntos del trabajo. Creo que si trabajara 8 horas de corrido como cuando estaba en Siglo Veintiuno de editora ya no aguantaría estar pegada a la pantalla blanca viendo letras negras todo el día. Mi mamá dice: "la compu te come y te deja sin energía" y tiene razón.

En vista de lo anterior, tengo el taller casi parado. Sí he hecho algunas cositas, más por terapia, por desconectarme, que por otra razón. Proyectos cortitos, de un par de hora. No me embarco en nada largo porque con solo las tardes y la mitad de ellas cansada, no lo concluiría.

Termino con el título de esta entrada: Nunca antes como ahora, había extrañado tanto la falta de ese preciado tiempo que dedicaba a mis artes y manualidades. ¡Me siento "normal", con mi alter ego craftiano adormecido! Haciendo un esfuerzo por lograr estos proyectos, les dejo algunas imágenes de lo hecho.



Dos medallones decorados con brillos y stickers, dos cajitas decoradas con flores que realicé reciclando el plástico de los botes de shampú y un mini cojero recuperado, completamente forrado con tela y decorado. ¡Sí, creo que me volví loca con los brillos. 


¡Más brillos! Encotré esta cajita en una gabeta, mi abue me la regalo hace mucho años. Era una elegante polvera con polvos traslúcidos dentro. Cuando la abrí,  sorpresa, ¡dentro había guardado una foto de mi abue! Así que decidí darle un mejor uso a la cajita y ahora es un bello relicario.

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