Amor filial

Los últimos días desde la última entrada han sido un poco complicados. Además, aunque me prometí hacer esto todos los días a las 6 de la tarde, no tuve muchos deseos de escribir sobre lo que hice y cómo lo hice. Eva apenas terminó la universidad el viernes pasado, luego se sintió un poco mal de salud (tal vez por la proximidad de su viaje a Argentina, su primera experiencia en un vuelo de 7 horas).  Esto me tuvo un poco preocupada, aunque no fue nada del otro mundo y ya está tomando un medicamento para una infección leve.

Ayer vinieron a despedirla dos de sus primos, Majo y Diego; el resto estaba trabajando. Vieron películas de terror y comieron pizza.  Hoy la llevamos al aeropuerto con mi mamá y Dave. Cuando la vi caminando hacia el counter la sentí tan independiente, tan capaz de volar sin mis alas. Apenas hace unos años, todavía se abrazaba de mí y yo era quien volaba por las dos, ahora ya no me necesita para eso. ¡Ya casi vuela sola, hasta sin avión!

Ya ha viajado sola antes, pero nunca tan lejos y por tantas horas en un avión. No le gusta mucho volar pero le encanta viajar y espera todo el año a que su papá le mande el boleto. Para mí son vacaciones también, no soy tan aprensiva como para preocuparme todo el tiempo que ella está fuera.  Allá, a pesar de sus 23 años, ella es responsabilidad de su padre. El tiene que estar al tanto de a dónde va, de su seguridad, como yo lo hago aquí durante 11 meses de año.

Eva es una buena chica, no puedo quejarme, pero aquí me preocupa tanto su necesidad de independencia por la inseguridad en este país. Tantas niñas, adolecentes, jóvenes y mujeres desaparecidas y asesinadas a diario. Es tan dificil vivir así y más cuando no podemos detenerlas, porque tienen que salir a estudiar, a trabajar, a la universidad por la noche, y porque tienen el derecho de salir a divertirse también. No podemos cortarles las alas o atarlas a un poste en la casa para que no escapen. Deben vivir aunque a nosotras sus madres se nos vaya la vida con ellas cuando cruzan la puerta de la casa.

Pero no solo de esto se trata esta entrada. Algo muy importante va a suceder mañana en Eva cuando llegue a Argentina y tiene que ver con el título "amor filial". Ella conocerá a Nicolás, su hermanito. Yo tengo tres hermanos y sé que es amarlos como a uno mismo. Esa sangre compartida que corre por nuestras venas es el lazo más fuerte que conozco. Si mi hija es mi vida, mis hermanos son como yo misma, en otros cuerpos.

Mañana, Eva cargará a un pequeño niño de meses que es su hermano y sentirá el llamado de la sangre, una emoción que nunca conoció antes y un sentimiento inexplicable de camaradería, de complicidad, de hermandad. Ni la diferencia de edad puede cambiar eso. Me da un poco de celos no compartir con ella ese momento, pero la verdad, ¡yo no hubiera podido con dos hijos!

Me quedo esperando la primera foto que me mande con su hermano Nicolás. Quiero ver su rostro junto a él. Y yo les dejo en esta entrada la foto de mi unicornio favorito.







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